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El silencio y la muerte de artigas en Paraguay

 
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Disertación de nuestro consocio Carlos RANGUIS el martes 30 de setiembre de 2008.

Nuevamente ante Uds., estimados consocios, para hablar de Artigas, atendiendo a una distinción que me han conferido las autoridades de nuestro Rotary y que por ello mis primeras palabras deben estar dirigidas a expresar mi reconocimiento por la oportunidad de esta charla que me ofrecen. Evidentemente mucho se ha escrito sobre Artigas, mucho se sabe sobre nuestro prócer a tal punto que resulta muy difícil expresar algo nuevo, algo novedoso sobre él en una tribuna como ésta y más aún teniendo en cuenta este calificado auditorio, al que me dirijo.

Todos conocemos en realidad las hazañas protagonizadas por Artigas en los campos de batalla y las virtudes de su ideario político e institucional que lo consagraron como estadista de visión certera y lejana y con la particularidad que con referencia a estos hechos, con referencia a estas ideas existe en realidad una coincidencia total en las versiones de nuestros más renombrados historiadores, pero sin embargo, hay un período de su trayectoria en que no se registra esa unanimidad de interpretación, un período en que los actos y las actitudes de Artigas resultan en cierto grado inexplicables y más aún hasta desconcertantes, a tal punto de que han dado lugar algunas interrogantes que todavía se mantienen sin que hayan sido develadas claramente.

Algunas interrogantes que durante ese período van a constituir precisamente, el núcleo de esta charla diciendo que ese capítulo al que nos vamos a referir en realidad Artigas lo protagonizó no solamente a través de su ingreso al Paraguay, ocurrido en 1820, sino también a través de su prolongada estadía en este país, hasta su propia muerte que ocurrió un día como el de hoy, es decir un 23 de setiembre de 1850, un día que todos reverenciamos en esta ocasión. Pero vayamos a la recapitulación, vayamos primero a la descripción de los hechos que pautaron, el transitar de Artigas por este período tan prolongado en el Paraguay. Venía Artigas de ser vencido y de ser traicionado en una lucha desigual contra los ejércitos portugueses y contra el directorio de Buenos Aires y en esas circunstancias pide autorización al gobierno paraguayo para asilarse en este país. Mientras espera la misma, Artigas tiene unos gestos que es necesario reivindicar, es decir, rechaza una proposición del gobierno de los EEUU para radicarse en dicho país, envía sus escasos dineros a los orientales que como Lavalleja, estaban presos en Isla Des Cobras, cerca de Río de Janeiro y por último contesta a su gran amigo Andrés Latorre ya casi en momentos de entrar en Paraguay que lo espere porque volverá, volverá a la lucha que sostuvo por sus ideales durante los últimos nueve años.

En 1820 un 16 de setiembre Artigas entra en Asunción. Va a ser recibido allí por quien es dictador perpetuo de Paraguay en ese momento, por Francia y entonces en esta situación, en esta circunstancia tiene lugar este hecho que abre la primera gran interrogante: ¿Por qué Artigas se interna en el Paraguay, cuando existía en este país un gobierno de neto corte autoritario?. ¿Por qué cuando ese gobierno estaba presidido por Francia que nunca había comulgado con los ideales liberales de nuestro prócer.  Cuando Francia en determinada oportunidad lo había apostrofado de bandido, de bandolero de profesión? ¿Por qué? Algunos historiadores están de acuerdo en señalar que Artigas tenía conocimiento de un intento revolucionario llevado a cabo por su gran amigo Fulgencio Yegros, pero que después no se enteró de que este intento, de que esta revolución fue prácticamente desbaratada.

Cuando Artigas llega a Asunción Francia de inmediato le concede albergue en el convento la Merced y dá ordenes para que se le den todas las condiciones favorables a su sustento. Francia no lo recibe a pesar de las gestiones realizadas al efecto por el propio Jefe Oriental, pero además y esto no es lo de menos Francia también rechaza un pedido de Francisco Ramírez , perseguidor de Artigas para que se le entregue éste a fin de juzgarlo y ajusticiarlo. Hay como ven Uds. cierta contradicción en las providencias que adopta este dictador , a tal punto de que en su obra sobre Artigas el propio Juan Zorrilla de San Martín se pregunta qué pensaba qué sentía Francia de Artigas ¿admiración?, ¿compasión?, ¿ temor? y dice que en realidad Artigas tuvo la virtud de abrir la sensibilidad de este hombre duro que evidentemente nunca tuvo disposición para acercarse a otros por alguna vinculación afectiva.

Pocos meses después de estar en el convento de La Merced Artigas es trasladado a San Isidrio uno de los principales yerbatales de Paraguay a 400 kilómetros de Asunción. Allí se dedica a las tareas agropecuarias. Allí su generosidad, su contracción al trabajo va a ganar el apoyo y el afecto de los lugareños, a tal punto de que es conocido en esas circunstancias como el padre de los pobres.

Pero allá por el año 1840 fallece Francia y en ese año lo sustituyen una Junta Militar que toma una de las primeras medidas decreta: Ponga al bandido Artigas en seguras prisiones y Artigas a los 76 años de edad es encarcelado y engrillado en una actitud infamante que resulta inadmisible desde todo punto de vista. Pero yo pienso que en esos momentos Artigas debía sentir una íntima satisfacción al verse tan temido a esa edad, al verse tan temido como símbolo de la libertad de los pueblos y por la peligrosidad que su presencia prefiguraba frente a una Junta Militar que en realidad gobernaba también de forma despótica, en contra de la voluntad soberana del pueblo paraguayo. Es claro que luego los cambios se van a producir desde el punto de vista institucional en este país y llega un momento de que esa Junta Militar es sustituida por lo que se llamó un consulado. Un consulado integrado por Mariano Roque Alonso y por Carlos Antonio López y poco después un congreso soberano decide la presidencia de Carlos Antonio López. Tanto el consulado como Carlos Antonio López ahora Presidente cambian totalmente su actitud con Artigas. Carlos A. López era amigo entrañable de Artigas,  y resuelve trasladarlo a una localidad cercana al Río Paraguay, allí le construye una finca y Artigas va a gozar de mucha libertad, y sin ningún aprieto económico, va a pasar allí días muy felices hasta que se produce la muerte. Pero en esos días también ocurren hechos importantes que es necesario señalar muy brevemente, porque Artigas recibe varias visitas dirigidas casi todas a procurar su regreso a nuestro país, entre ellas la de su hijo Juan Antonio Artigas que convive más de 2 meses con su padre pero que no logra los propósitos señalados anteriormente; entre ellas la de un artista, la de un dibujante Alfredo Demersay francés, que hizo el único retrato que se conoce de nuestro prócer, un retrato que sirvió además de base para las pinturas que sobre él hicieron artistas nacionales de real jerarquía como Juan Manuel Blanes y Juan Zorrilla de San Martín y entre ellos también un General argentino gran amigo de Artigas, José María Paz que en las memorias que escribió después relata en forma circunstanciada el prócer oriental le confesaba como había mantenido sus propósitos de organización en estos países, en estas regiones que lindan con el Río de la Plata, le confesaba precisamente como promovía la creación de un estado federal entre todos aquellos que integraban el antiguo Virreinato Español y como también promovía la autonomía provincial. En un proceso decía el propio Artigas a través de José María Paz en un proceso muy similar al que tuvo lugar en los EEUU luego de la independencia de este país. Pero también Artigas recibió otras gestiones en el mismo sentido, la de Fructuoso Rivera en una carta que nunca contestó y también se negó a las posibilidades a las facilidades que le ofrecían el propio Presidente de Paraguay Carlos A. López para volver a su país, a su patria de origen. Sin perjuicio de que Artigas profesó siempre un aspecto muy profundo por Paraguay. Sin perjuicio que amaba entrañablemente a este país, donde había encontrado nuevas razones para continuar su existencia. Sin perjuicio de ello, surge la gran interrogante: ¿Por qué Artigas no quiso nunca volver a nuestro país? ¿Por qué rechazó todas las gestiones que se le hicieron en este sentido? Tal vez, dolorido por las defecciones, por las deserciones de algunos de sus lugartenientes en la guerra contra Portugal, lugartenientes que ahora ocupaban posiciones de privilegio en el gobierno nacional o tal vez por la posición, por las aptitudes adoptadas por algunos orientales como Larrañaga en el Congreso Cisplatino, que votaron la reincorporación de nuestra Provincia Oriental al Reino de Portugal o tal vez porque se había producido en nuestro país una división muy grande, a raíz del surgimiento de los partidos políticos luego de la independencia, que podían perjudicar su desarrollo institucional. En fin, todas motivaciones no muy documentadas que podían inferirse del silencio que sobre las mismas mantuvo siempre Artigas. El silencio de su aislamiento que se sobrepuso al desengaño y a la amargura y que lindó con el sacrificio de desechar toda posibilidad de retorno y de mantenerse hasta su muerte en Paraguay, a fin de mantenerse también consecuente con los ideales supremos que constituyeron el fundamento y fin de su heroica lucha.
Porque Artigas tal como lo señalara el Gral. José María Paz en las memorias a las que hice alusión, porque Artigas interpretaba fielmente la realidad geográfica, económica y social de los pueblos que habitaban los territorios de la Cuenca del Plata. Entonces todo su pensamiento luminoso estuvo siempre dirigido a procurar y más aún a asegurar la verdadera independencia y la prosperidad material de estos pueblos a través de la instalación de un gobierno federal, de una gran nación en la que estaban integradas todas aquellas provincias que antes formaban parte del Virreinato español. Y porque Artigas nunca concibió y esto hay que decirlo claramente, en honor a la verdad histórica, nunca concibió la separación de la Provincia Oriental de las demás provincias argentinas, nunca concibió la idea de un Uruguay independiente como existió a partir de 1830. Cuando precisamente se emancipa nuestro país mucho después, en alguna circunstancia, se le pregunta a nuestro prócer ¿Por qué no vuelve a su patria? Firme y categóricamente responde: “yo ya no tengo patria”.

Esta frase muy simple pero también muy sugestiva nos retrotrae al amargo y triste destino de los libertadores de nuestra América. Porque también Bolívar tuvo que aprestarse a salir de su país ante la frustración de sus planes, dirigidos a crear una gran nación americana extendida desde el Río Grande al Norte hasta Tierra de Fuego al Sur, porque también San Martín, desconocido por sus triunfales victorias de Chile y de Perú, inspiradas en similares motivos, tuvo que salir de su ciudad, de Buenos Aires y tuvo que refugiarse para morir en Francia y porque también Artigas sintió en carne propia, sintió profundamente cómo se derrumbaba todo su programa político e institucional para regir en estas provincias llamadas por él provincias unidas del Río de la Plata. Por eso algún historiador muy prestigioso ha dicho enfáticamente que estos insignes libertadores de América, Bolívar, San Martín y Artigas fueron también insignes los traicionados de la historia.

Y aquí cobra mucha oportunidad una frase de nuestro José Enrique Rodó, cuando refiriéndose a la extraordinaria personalidad de estos hombres, de estos libertadores, señala enfáticamente que fueron grandes en el pensamiento, grandes en la acción, grandes en la gloria, grandes en el infortunio, pero sobre todo grandes para sobrellevar con dignidad en medio del silencio, de la soledad y de la muerte la trágica expiación de toda su grandeza.

Muchas Gracias.
 
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